A diario, los pesados troncos de algarrobo parecen hundir los camiones en el asfalto rumbo al túnel Hernandarias. Son las mismas maderas que, en pocas horas, se convertirán en tablas y luego, en mesas, modulares o juegos de dormitorio. Tanto el algarrobo negro (Ibopé hú) como el blanco (Prosopis nigra y alba) ofrecen una madera que los muebleros pueden utilizar apenas es aserrada, verde. Esta cualidad condena a la especie, en comparación con otras que obligan a esperar dos o tres años para que su madera se seque. "El distrito del algarrobo entre Feliciano y La Paz ya fue devastado; Alcaraz es la vergüenza provincial, se cortó todo; los aserraderos están cerrados y ahora se lanzaron sobre Bovril", denunció Cura. No sólo la tala. También la falta de reforestación agudiza el problema.
De acuerdo con la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN, por sus siglas en inglés) el tapir de Baird es una especie clasificada En Peligro, y se estima que en las últimas tres décadas su población se ha reducido en más de un 50 por ciento, quedando poco más de 5 mil individuos; y el número sigue en descenso. Los tapires centroamericanos solían distribuirse de manera prácticamente continua desde el norte de Colombia y Ecuador hasta el sur de México. Sin embargo, debido a la cacería y la destrucción de su hábitat, ahora su distribución se encuentra restringida a unos cuantos remanentes de bosque que son lo suficientemente grandes (de cientos de miles de hectáreas) para mantener sus poblaciones
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